No sé si te sucede, pero por lo menos lo has visto en otros. El momento de grabar, el momento de dejar registrado algo, provoca por lo general reacciones nerviosas muy variadas en mucha gente.
Lo común es mostrar inseguridad, falta de concentración. Pero en otros, sobre todo en quienes tienen su primera experiencia con la grabación, pueden llegar a darse situaciones reales de parálisis, o casi de pánico.
Es algo similar a lo que muchos viven como “pánico escénico”
¿Quieres saber cómo darle a tu sonido desde el inicio esa “calidez” que tienen muchas producciones comerciales?
¿Ese algo que le da a las bases el “punch”, la “garra”, que escuchas en esos temas que hacen mover a la gente?
En este artículo te explicaré una de las muchas técnicas que puedes usar para comenzar la producción de uno o varios temas aprovechando las características que tiene una grabación análoga pero con la posibilidad de insertarla en un proceso posterior digital que te permita mayores posibilidades de edición.
Si estás preguntándote qué hacer para obtener un “demo” decoroso no importa qué hagas -componer e interpretar canciones sólo con tu guitarra y voz, tengas una banda de 50 integrantes, una banda de rock, o un cuarteto de cuerdas- y además puede que no manejes grandes habilidades en las técnicas de producción de audio, lo que leerás a continuación es una de las recetas más útiles que puedes tener a la mano.
Es tan práctica que se puede utilizar, inclusive, en muchas situaciones donde se cuente con recursos sobrados para producir -tiempo, equipo, personas, etcétera-.
La aspiración de muchos es llegar a grabar en un estudio tres o cinco, o ene estrellas.
Simboliza quizá el momento de mayor consagración que un músico puede alcanzar: poder disponer de lo más fino y exquisito de los recursos que la tecnología puede ofrecer, y en cantidad casi ilimitada, para producir la pieza histórica; aquella que rompa todos los records y que deje un recuerdo indeleble en el público.
Un lugar parecido al Paraíso de la Creación, donde supuestamente no habría límites a la imaginación.
Y claro, las revistas, periódicos y programas de tv están plagados de las anécdotas y testimonios de cómo equis o zeta grupo, músico o productor logró aquel disco inolvidable.
Las ¿700? horas en Abbey Road Studios para grabar “Sgt Pepper´s”
Las, en su momento, inconcebibles “dieciséis pistas” para producir el “Dark side of the moon”, entre 1972 y 1973.
Y posteriormente las decenas de canales y quien sabe cuántos estudios laborando simultáneamente para producir la “Rapsodia Bohemia”.
Pero la pregunta es ¿sólo con esos recursos tan sofisticados se puede lograr algo tan único?
Uno de los mayores enemigos de una buena señal de audio es aquello que terminamos describiendo genéricamente como “ruido”.
Y aunque en la teoría del audio el ruido tiene una definición muy precisa, casi todos quienes tenemos qué ver con el sonido lo percibimos cotidianamente como algo que no queremos que esté en nuestra señal.
Se trata de un visitante indeseable, un intruso al que no sabemos cómo sacar de ahí.
Para poder llevar a cabo una grabación de bases a buen término necesitamos contar con muchos recursos simultáneamente.
En un estudio profesional bien equipado eso no es problema, pero el escenario se vuelve algo más complicado cuando nos proponemos hacer algo así en la sala de la casa o en algún espacio suficientemente amplio para acomodar a toda la banda.
En este artículo reviso una opción razonablemente accesible y muy práctica para tener mejores resultados en esta etapa inicial clave de casi cualquier grabación: el tracking.
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